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Los médicos y la medicina que Colombia necesita

Lunes, agosto 22, 2011 - 02:08 PM  Publicado por admin

Aunque la Ley 100 de 1993 marcó como derrotero de la medicina colombiana la atención primaria, ese propósito no se ha cumplido. El momento es oportuno para que haya un timonazo y se cambie el rumbo de una vez por todas.

Hace exactamente 60 años había en el país facultades de medicina, 4 estatales o públicas y una privada, la Javeriana. Estaba por abrirse la de la Universidad del Valle, la quinta pública.

En las 6 décadas que han transcurrido, hemos llegado a 54 facultades de medicina, de las cuales unas 10 o 12 son públicas o estatales. Ello quiere decir que el crecimiento de las privadas ha sido de 40 veces (4000%), en tanto que las públicas solamente han crecido 200%, el doble o un poco más.

Incumbe al Estado colombiano asumir de una mejor manera la educación de los médicos y de los profesionales afines, de un modo que permita a bachilleres de los estratos socioeconómicos bajos acceder a la educación profesional médica.

En la actualidad las matrículas, que en medicina oscilan entre 5 y 15 millones de pesos el semestre, son una barrera para el nivel económico bajo de la sociedad.

Hace 60 años el estudiante de medicina comenzó a tener la obligación social del servicio rural. Financiar la educación de pregrado permitía al Estado comprometer a los médicos egresados a regresar a trabajar en atención primaria en sus regiones o zonas de origen o en áreas necesitadas.

De antaño, la enseñanza de la medicina se ha centrado en el hospital. Error mundial grave, cuando en realidad la mayoría de los pacientes acuden a consultorios, ambulatorios, centros de salud o necesitan y merecen atención en el hogar.

Ya hay ensayos en países como Noruega y recientemente Estados Unidos, donde se han creado facultades rurales o destinadas a servir sectores deprimidos y en general dentro del concepto de atención primaria.

En otros casos, se ha modificado el currículo de manera que en buena parte la enseñanza y el aprendizaje práctico de la medicina se hace en ambulatorios o consultorios.

Centenares de patologías, las más comunes, no se ven en el hospital y por ende, a los jóvenes médicos de hoy no se les enseña cómo manejarlas, como lo han anotado comentaristas de nuestros editoriales anteriores.

Nos atrevemos a hacer una propuesta audaz pero en nada novedosa porque ha sido motivo de insistencia e incumplimiento desde Alma Ata: que orientemos la educación de pregrado hacia la atención primaria ambulatoria.

Se nos dirá que los cubanos lo han estado haciendo y otros lo hicieron. Cierto pero, sin entrar en polémica, digamos solo que anhelamos atención primaria con educación de alto nivel (por ejemplo, 7 años de pregrado, incluyendo por los menos un año de práctica y no solo 4 años).

Proponemos que, superadas las ciencias básicas, el estudiante de medicina sea asignado a una de dos vías: medicina ambulatoria general, familiar o de atención primaria o extrahospitalaria y medicina hospitalaria y especializada.

En el equipo del primer grupo o de atención primaria estarían incluidos los especialistas generalistas (de medicina de familia, internistas o del adulto, pediatras o del niño y gineco-obstetras o de la mujer, así como los cirujanos generales con énfasis en cirugía ambulatoria).

La idea es contar en cada centro de salud con un equipo de médicos generales, apoyados por profesionales afines como enfermeras graduadas, enfermeras auxiliares, laboratoristas, fisiatras, trabajadores sociales, psicólogos, nutricionistas y otros.

Es en los centros de salud, verdaderas IPS integrales, donde por otra parte se hace o se imparte la promoción y la prevención.

Un centro de salud y de medicina ambulatoria así humanamente equipado debería contar con los elementos básicos de soporte diagnóstico (laboratorio, rayos X, ultrasonografía, electrocardiografía y otros) para poder diagnosticar y tratar 90% de los problemas de la consulta.

A través de telemedicina, cada día más asequible y de la interacción con un hospital, se complementaría un servicio integral de calidad.

Ahora bien, como lo hemos escrito ad infinitum, ese centro operativo de salud debe contar con los recursos de una biblioteca médica virtual (educación médica continuada virtual), asequible y accesible, que permita a los profesionales que allí laboran mantenerse al día y tener medios de consulta bibliográfica.

Reservamos para el hospital los casos médicos o quirúrgicos que requieran internación, los más difíciles, serios y complejos, en los cuales se fundamentaría la educación de los especialistas y subespecialistas, cuya financiación, como también lo hemos escrito, debe estar a cargo del sistema de salud y no a cargo del profesional-practicante, proveedor de servicios que deben ser remunerados.

El número de especialistas y de subespecialistas tiene que determinarse mediante estudios o censos debidamente realizados.

Como colofón, recordemos que con orgullo, lo dijo el Presidente, la medicina colombiana es de calidad de exportación.

Desafortunadamente mientras proseguíamos la búsqueda de la medicina de 4º o 5º nivel se nos olvidó que la inmensa mayoría de los 46 millones de colombianos necesita atención primaria de calidad.

Nuestro sistema necesita virar hacia ese nuevo-viejo objetivo si no por otra razón por la más estricta justicia social con esa inmensa mayoría.

Jorge E. Maldonado MD, PhD, FACP
Vicepresidente de Educación Federación Médica Colombiana
Editor-Jefe de Publicaciones ILADIBA
Profesor Titular de Medicina Mayo College of Medicine (1976)
Profesor Visitante Universidad de París-Sur (1975)
Profesor Visitante de la Universidad de Harvard (1985-1987)
Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina de Colombia

© EMSA-ILADIBA, Agosto, 2011

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