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Carencia de educación o formación continua problema gravísimo de la salud

Martes, abril 15, 2014 - 05:04 PM  Publicado por Lina Lotero

No importa qué tipo de reforma de la salud se adopte y cómo finalmente quede la Ley Estatutaria que hace tránsito en la Corte Constitucional y cuál sea la última versión de la Ley Ordinaria en proceso en el Congreso Nacional, un factor imponderable e imprescindible es la educación permanente de los profesionales de la salud.

Sin información y conocimientos actualizados no se puede ejercer una medicina de calidad y cuando los profesionales se convierten, por fuerza de las circunstancias, en empíricos ignorantes la sociedad está en riesgo, como lo reconoció la Corte Constitucional cuando en mala hora declaró inexequible la Ley que hacía obligatoria la recertificación de los profesionales de la salud, que hubiera impuesto la necesaria actualización o renovación del conocimiento.

El marco jurídico de la formación o educación médica continua existe hace años e incluye aspectos incluidos en la Ley de Capacitación, Ley de Talento Humano en Salud y la Ley 1438 de 2011. Inclusive se ha determinado que 0.05% de la UPC debe ir a capacitación (léase también formación o educación médica continua).

Es más, en la Ley Estatutaria quedó consignada la obligación del sistema de proveer educación continua a los profesionales.

En 2011 fue sancionada la Ley 1438 cuyo artículo 98 reafirmaba la importancia de la Educación Médica Continua (EMC).

Después de más de dos años de deliberaciones y de debates el artículo sigue sin reglamentarse en medio de controversias y presiones de grupos con intereses opuestos en la EMC.

El hecho es que todo ese marco jurídico es letra muerta y que a pesar que Colombia invierte cada año 46 billones de pesos en el sistema de salud (casi un millón de pesos por colombiano), la educación de la inmensa mayoría de quienes tienen a su cargo la tarea (los profesionales, técnicos y tecnólogos) no cuentan con medios para educarse, una vez que hayan salido -mal o bien preparados- de las aulas de pregrado.

Seguimos siendo un país egoísta porque centramos nuestra preocupación en los grandes centros académicos u hospitalarios de las ciudades, en los especialistas y en los  subespecialistas,  y tenemos una actitud de desgreño u olvido por los profesionales de la atención primaria que laboran en la periferia o en las áreas remotas, donde al decir de un corresponsal nuestro, “no llega ni el olvido”. Donde padecen 100 años de soledad, parafraseando a nuestro nobel, fallecido hace pocos días.

Si queremos realizar el cacareado revolcón del sistema de salud con énfasis en medicina familiar, medicina comunitaria y atención primaria en salud, estamos en mora de tomar decisiones políticas y asignar recursos de esa billonada a la capacitación, formación y educación continua de los 500.000 profesionales de la salud y sobre todo de los que no hacen parte de los grupos privilegiados mencionados atrás.

Con una pequeña fracción de la inversión total se pueden hacer programas virtuales masivos de total cobertura nacional de educación continua como la ha demostrado nuestra organización.

Para definir la EMC es fundamental entender con absoluta claridad qué no es educación continua y para ello reproducimos aquí escritos nuestros de años anteriores.

La educación continua, en el ámbito de cualquier profesión, es el conglomerado de actividades de aprendizaje o de renovación del conocimiento conducente a mantener la idoneidad del profesional. La EMC es aquella desarrollada para uso y beneficio de los profesionales, técnicos, tecnólogos y auxiliares de las ciencias de la salud.

La idoneidad o competencia actualizada de todos los profesionales de la salud es esencial para protección de la sociedad, como la ha reconocido la Corte Constitucional.

En palabras de la Corte, si no hay idoneidad la sociedad entera está en riesgo y para mantener la idoneidad la EMC es el sustento fundamental. Si no hay EMC no puede haber idoneidad y sin idoneidad no puede haber calidad.

La EMC no es, repito no es, educación formal, no es educación universitaria, no tiene nada que ver con doctorados, maestrías, postgrados o residencias de especialidad.

La EMC es educación no formal que en todos los países del mundo está claramente separada y diferenciada de los programas universitarios ulteriores al grado de médico, enfermero, psicólogo u otros.

Aunque una parte importante de la EMC son los cursos estructurados de actualización (presenciales o virtuales) y las publicaciones periódicas o de libros de texto que aunque pueden ser organizados, liderados o producidos con la participación de las universidades, la inmensa mayoría de los programas de EMC son de la provincia de instituciones, organizaciones y sociedades científicas y/o gremiales independientes, así puedan asociarse para cumplir su misión educativa con entes de educación superior.

Además de las modalidades mencionadas de cursos estructurados, de publicaciones periódicas y de libros de texto, la EMC puede impartirse a través de conferencias, seminarios, mesas redondas, ateneos y conferencias clínico-patológicas, parte o no de congresos científicos. En otras palabras, esos escenarios pueden darse en el ámbito de un centro ambulatorio o de un hospital pequeño, mediano o grande.

Más importante aun, en la era moderna del conocimiento, la EMC más importante es la que recibe el profesional en la tranquilidad solitaria de su hogar o de su sitio de trabajo, frente al computador o al móvil que le transmiten los conocimientos utilizando medios digitales o virtuales.

Lo anterior es todavía más relevante si se tiene en cuenta que en Colombia hay cerca de medio millón de profesionales, técnicos, tecnólogos y auxiliares de la salud, dispersos por toda la geografía nacional y en imposibilidad por mil razones de desplazarse para recibir EMC.

El Gobierno Nacional está en mora de emitir la reglamentación del citado artículo 98 de la Ley 1438 de 2011 y debe hacerlo dentro de los cánones clásicos de la EMC que se han implementado en muchos países bajo la modalidad de créditos de EMC, de acuerdo con el tipo y extensión del programa respectivo.

La EMC debe ser amplia e incluyente, impartida por programas preparados por entidades, organizaciones y sociedades que demuestren al órgano regulador, el Ministerio de Salud, experiencia y calidad y ¡nada más!

El costo de la EMC debe ser obligación de todas las entidades que le den ocupación o trabajo a los profesionales o alternativamente del individuo que labore de manera independiente.

Ahora bien, resulta incomprensible que todavía no haya claridad sobre la obligación del sistema de salud de financiar la EMC.

Grosso modo el sistema de salud colombiano representa una inversión de 45 billones (millones de millones) de pesos o en números redondos un millón de pesos por ciudadano al año.

Para educar de manera continua a medio millón de profesionales de la salud no es mucho pedir, siendo ellos los pilares del sistema, que se asigne  a educación 0.05% o 225.000 mil millones de pesos de la inversión anual total en salud, incluyendo la educación de la comunidad en salud y en prevención.

Toda entidad que ocupe laboralmente a los profesionales de la salud (EPS de cualquier régimen -contributivo, subsidiado o especial-, IPS, Ministerio de Salud, Secretarias de Salud, empresas de todo tipo etc.) tiene la obligación de proveer EMC a sus profesionales de la salud. Para ello, existe además de la Ley 1438 de 2011, un marco jurídico en varias leyes como la Ley de Capacitación, la Ley de Talento Humano en Salud y otras.

Colombia tiene en todos los aspectos, como Jekyll y Hyde, una cara linda y otra fea. Los grandes centros médicos gozan de amplias facilidades de aprendizaje como bibliotecas y de otros recursos que no se encuentran en la inmensa mayoría del país. Por ende, es imperativo proveer a esa mayoría de recursos de EMC virtual. El momento es oportuno ante la requerida inminencia de la reglamentación a que hemos aludido.

Jorge E. Maldonado MD, PhD, FACP
Editor Jefe Publicaciones ILADIBA
Vicepresidente de Educación de la Federación Médica Colombiana
Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina
Profesor Titular de Medicina Mayo Clinic College of Medicine (1976)
Profesor Visitante Universidad de Paris VII (1975)
Profesor Visitante de la Universidad de Harvard (1985-1987)

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