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Archivo para julio, 2014

Educación y Práctica Médica y la Industria

Viernes, julio 11, 2014 - 10:07 AM  Publicado por Lina Lotero

El Presidente Dwight Eisenhower, presidente de los Estados y General-héroe de la Segunda Guerra Mundial, acuñó el famoso término “complejo industrial-militar” para hacer alusión a la perniciosa relación de la industria con los militares, que conlleva intereses económicos de los vinculados a los dos sistemas que deberían ser inmaculadamente separados.

A lo largo de los años y en todo el mundo las guerras han sido motivadas, al menos en parte, por intereses económicos y prolongadas muchas veces por las mismas razones.

El profesor Arnold Relman, recientemente fallecido y quien fuese editor-jefe del New England Journal of Medicine y profesor de la Universidad de Harvard y de varias otras connotadas universidades, tomó el término de Eisenhower y lo trasladó a la medicina diciendo que en el campo de la salud existe el “complejo industrial-médico”, movido de la misma manera por razones económicas, animadas solamente por el lucro, donde no prima el servicio a la sociedad que debe prevalecer en la medicina.

Una serie de publicaciones recientes conduce a reafirmar que el problema del involucramiento de los médicos en el carrusel del lucro debe comenzar a corregirse desde las aulas de pregrado.

En efecto, una encuesta nacional, realizada por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, en la cual participaron 1601 estudiantes de pregrado y 735 residentes, demostró que la asociación de los estudiantes y residentes con los diferentes métodos de promoción de los productos farmacéuticos, conduce a que los jóvenes no solamente se inclinen más a la prescripción de los productos de marca sino que lo hagan con base en menor conocimiento de la evidencia.

Las prácticas nocivas de regalos de viajes y de otras dádivas no propiamente educativas por parte de la industria (que incluye los productores de fármacos, equipos, dispositivos y otros de uso en el ámbito del ejercicio), se inician en la escuela de medicina y por ello numerosas universidades norteamericanas han prohibido el acceso de los promotores a sus sedes y al mismo tiempo ordenado rechazar el auspicio de eventos científicos por quienes tienen intereses comerciales.

El problema ha devenido más complejo porque para evitar gastos y porque es una manera fácil de “estudiar” los estudiantes de medicina y los residentes (y nos permitimos agregar numerosos médicos en la práctica) en lugar de acudir a reconocidos textos o revistas científicas o a publicaciones que divulgan ese conocimiento, basado en revisión por pares, están aprendiendo la medicina en Google o en Wikipedia.

Una parte muy significativa de lo que aparece en una búsqueda en Google o no es confiable o es auspiciada o promovida por quienes tienen intereses económicos. Y en cuanto a Wikipedia, al ser abierta a la participación, tiene el mismo riesgo inherente de sesgo y de cuestionable validez.

Un editorial de El Tiempo, el primer diario colombiano, habla de “medicina sin prebendas” para referirse a las fallas a que hemos aludido y yendo más allá al incluir a los médicos que participan del cohecho con la industria, al recibir dádivas por prescribir o sugerir determinados medicamentos, equipos o dispositivos o ser cómplices al servir de promotores de determinados productos en conferencias, congresos y eventos o en “investigaciones” sesgadas.

El editorialista califica de inmorales y violatorias de la ética todas esas prácticas que afirma deben prohibirse.

Sin embargo, el autor se queda corto porque si bien dice que ante la ratificación por la Corte Constitucional de la Ley Estatutaria de la Salud, los médicos han recibido un espaldarazo a su autonomía, que los obliga aún más a defender los intereses del sector, de la sociedad y de los pacientes, no dice que un elemento correctivo fundamental es la educación del médico.

En la actualidad, ante la inoperancia, con pocas excepciones, de todo el sistema de salud de educar a los profesionales de la medicina y de la salud, esa educación ha quedado en manos precisamente de la industria que, asimismo con honrosas excepciones, solamente está interesada en sus productos.

La educación en los principios de la ética que debe regir para la formulación de todo tipo de modalidades diagnósticas y terapéuticas, tiene que comenzar en los bancos universitarios y para los profesionales en ejercicio la educación continua debe estar a cargo del sistema de salud (como de hecho lo mandan las leyes 1438 de 2011 y estatutaria de 2013). El sistema debe ofrecer esa educación de manera integral y general y velar porque sea de calidad.

Si se desea que la autonomía médica, ahora un derecho constitucional, no se preste a desbordamiento y a desperdicio de los recursos hay que educar. Un médico educado y ético prescribirá lo que debe pero también lo que sea más costo/eficiente y no cederá ante la tentación de la dádivas o sobornos que hemos mencionado y ejercerá consciente de la evidencia y no de intereses particulares.

Por todas esas razones es imperativo que el Gobierno Nacional tome cartas en el asunto y se ocupe de vigilar porque la educación de pregrado y la educación continua sean la columna vertebral de una práctica médica ética y de calidad.

 

Jorge E. Maldonado MD, PhD, FACP
Editor Jefe Publicaciones ILADIBA
Vicepresidente de Educación de la Federación Médica Colombiana
Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina

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