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Ébola mortalidad, pobreza y educación; lecciones para Colombia

Jueves, noviembre 13, 2014 - 04:11 PM  Publicado por Lina Lotero

El mundo ha estado conmocionado por la epidemia de enfermedad por virus del Ébola que ha afectado en ésta ocasión principalmente tres países de África Occidental pero que ha amenazado al resto del globo. Sin embargo, solamente ha habido fuera de África poco más de una docena de casos, adquiridos en África, ocho en Estados Unidos y en Europa unos 6.

La mortalidad por la enfermedad ha alcanzado 70% en los países africanos pero de 8 norteamericanos atendidos en hospitales estadounidenses solamente murió uno en el cual hubo error diagnóstico inicial y de los casos europeos solamente murieron los dos casos de España importados de África; los contagiados en ese país, por contacto con los casos iniciales, fueron curados.

La dramática diferencia en la mortalidad no tiene otra explicación que la calidad de la atención médica existente en los países desarrollados con recursos profesionales y con facilidades para atender de manera adecuada a los pacientes.

De acuerdo con información publicada en el New York Times, es tal la escasez de profesionales en África que una enfermera hace una ronda cada ocho horas y un médico cada 24 horas.

Tratándose de enfermos graves con trastornos severos de líquidos, de electrolitos y de coagulación y por tanto hipotensos con riesgo de choque, con diarrea severa y hemorragia, obviamente se requieren recursos no de alta tecnología y sofisticados equipos sino de profesionales adecuados en número, capacitados en el manejo de las complicaciones mencionadas y con los elementos necesarios para un manejo apropiado.

Si se cuenta con lo anterior, es factible reducir fuertemente la mortalidad y por ello al carecer los infectados africanos marchan a la tumba y los americanos retornan a una vida normal en pocos días.

Es cierto que hay factores culturales que influyen sobre la epidemiología como el manejo de los cadáveres, a los cuales se aferran los africanos a riesgo de infectarse pero el principal problema es la pobreza y la carencia de un número suficiente de profesionales que cuenten con recursos elementales de manejo.

África ha sido el prototipo de región explotada durante siglos por los países poderosos, que han expoliado su riqueza pero que poco o nada les han legado. Han sido y siguen siendo muy pobres, ante la indolencia de sus antiguos poderes coloniales que si no hicieron antes nada por los africanos sobre todo del Sub-Sahara menos ahora que ya no sacan de allí la riqueza de la que otrora se apoderaron.

Los colombianos debemos mirar África y el Ébola a la luz de la situación en nuestro país. Tenemos, es doloroso decirlo, regiones del país donde la pobreza, vale decir la miseria, raya en los niveles africanos. Donde la salud es precaria, donde los pocos profesionales que allá llegan no tienen recursos, carecen de medios de actualizarse y donde hace falta hasta lo más elemental.

Como los países coloniales, los potentados que rigen la medicina y la salud y por tanto los grandes centros académicos y hospitalarios, siguen pensando solamente en la dotación de los hospitales de tercer y cuarto nivel con la tecnología de última generación, en los medicamentos para tratar las enfermedades de alto costo y en la preparación de especialistas y de subespecialistas.

Entretanto nos olvidamos de la realidad de la inmensa mayoría de la población nacional, afín a la africana, que carece casi que de todo y si donde llega un Ébola matará el 70% porque no hay los elementos básicos para tratar una diarrea severa, una coagulopatía de consumo, un choque séptico o un trastorno hidroelectrolítico.

Peor aún, nuestros puestos de salud, donde prestan el servicio rural nuestros profesionales recién egresados, no cuentan con los elementos esenciales para tratar una infección urinaria o un episodio isquémico. Y ante la falta de conocimiento y de fuentes para educarse, los médicos generales lo único que pueden hacer con diligencia es llenar una orden de referencia al especialista de la capital.

Entretanto, la reglamentación de las leyes que ordenan la educación médica continua (la última la Ley Estatutaria de Salud) sigue sin implementarse porque gremios poderosos no dejan que se pongan en operación esas leyes porque ven en la educación continua la oportunidad de expandir el negocio de la educación y no de contribuir a que nos llegue con mayor fuerza un Ébola fatal no solo por pobreza sino por ignorancia.

Jorge E. Maldonado MD, PhD, FACP
Editor Jefe Publicaciones ILADIBA
Vicepresidente de Educación de la Federación Médica Colombiana
Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina

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