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Ley Estatutaria de la Salud y Educación Médica Continua

Viernes, febrero 20, 2015 - 04:02 PM  Publicado por Lina Lotero

Intencionalmente hemos titulado nuestro editorial destacando la recientemente sancionada Ley Estatutaria de la Salud porque es el tema candente de debate y de análisis en el momento. Pero, tristemente, todos los que escriben y debaten aluden a una variedad de aspectos de esa Ley pero no hemos leído o escuchado voces, al menos resonantes, que hablen de la Educación Médica Continua.

Los artículos 18 y 21 de la nueva Ley, cuasi-mandato constitucional, establece que el sistema de salud proveerá los medios para que el profesional de la salud se mantenga educado, es decir, actualizado, en los numerosos y cotidianos avances de la medicina y de la salud y que el estado promoverá la difusión de la información científica atinente al sistema.

Pero, tenemos que decirlo, con nostalgia y cierto grado (quizá bastante como educadores que hemos sido durante más de medio siglo) de frustración, que desde la cuestionada Ley 100 de 1993, pasando por la Ley de Capacitación, por la Ley de Talento Humano en Salud y por la Ley 1438 de 2011 (artículo 98), se ha dicho, de una u otra manera lo mismo, pero no se ha concretado nada.

Y concretar es decir, sobre quien recae directamente la obligación de ofrecer educación continua, capacitación permanente e información científica al día, a los profesionales del sistema y a los usuarios de ese sistema Y más importante aún, cuáles son los recursos económicos para educar (hoy necesariamente por medios virtuales masivos) y quién y cómo debe usarlos.

¿Y por qué no se ha concretado nada? Porque las leyes no se han reglamentado en relación a la educación continua y la misma suerte puede correr la Ley Estatutaria porque la educación tiene muy pocos dolientes y no hay una preocupación (política) me atrevería a decir de la gran mayoría de los actores.

Y no se diga que el Gobierno ha invertido 40.000 millones de pesos en la última década en las guías de manejo clínico porque bien es sabido que a pesar del altísimo costo unitario de esas guías y de la rápida pérdida de vigencia, el espectro de temas es muy pequeño para la inmensidad de las enfermedades, condiciones y situaciones existentes. Además, no habido ningún esfuerzo en producir publicaciones periódicas de actualización. Ejemplo le dan a la medicina otros sectores.

Más útiles y de mayor cobertura ha sido una serie de cursos ofrecidos por el Ministerio de Salud y Protección, sobre un número importante de problemas. Sin embargo, en este caso y no en el de las guías mencionadas, los recursos disponibles han sido magros y por ende la cobertura ha sido mínima en relación al uso potencial y necesario.

Se ha hablado mucho de la telemedicina que, entendida en sentido estricto, es solamente la transmisión de imágenes diagnósticas del lado del paciente al sitio donde se encuentra el experto para que haga el diagnóstico y ofrezca apoyo. Pero telemedicina sin telesalud (la transmisión del conocimiento) no sirve porque el receptor del diagnóstico requiere estar educado y al día para el manejo del paciente de allí en adelante.

Dicen los críticos, una y otra vez, que la educación de pregrado de los profesionales de la salud es en general muy pobre. Aceptemos que en un cierto porcentaje ello es cierto pero la peor parte ocurre desde el egreso de la universidad porque la gran mayoría de esos profesionales salen a ejercer en sitios de la periferia o remotos, donde los medios de educación son mínimos o inexistentes.

Tampoco, en la mayoría de los casos, excepto en las instituciones élite, hay bibliotecas de ningún tipo, cuando hoy podría haber bibliotecas virtuales, en español, asequibles y actualizadas, de las cuales, modestia aparte por lo que nos corresponde, hay modelos colombianos de reconocida calidad. Esas bibliotecas deberían poner a disposición de los profesionales cursos de educación continua.

En honor a la verdad, unas pocas de las EPS han hecho educación continua y con gran acogida y éxito. Pero, asimismo hay que decirlo, constituyen la excepción de una regla que debería ser de obligado cumplimiento para todo el sistema y para el mismo Gobierno Nacional.

Es una perogrullada pero sin educación no hay conocimiento útil a disposición del profesional y sin conocimiento no puede haber calidad y sin calidad, como lo dijo la Corte Constitucional al reconocer que era necesario tener profesionales idóneos, la vida de los colombianos está en riesgo a pesar de la abundancia de leyes, decretos y regulaciones.

Un país que invierte 40 o 45 billones de pesos en la salud debería destinar presupuestos apropiados para la educación continua.

Jorge E. Maldonado MD, PhD, FACP
Editor Jefe Publicaciones ILADIBA
Vicepresidente de Educación de la Federación Médica Colombiana
Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina

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