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Cómo deben ser las guías de práctica clínica para que sean útiles

Miércoles, agosto 19, 2015 @ 04:08 PM  posted by Lina Lotero

Las guías de manejo o de práctica clínica fueron creadas en la parte inicial de la década de 1980 para facilitarle la tarea diagnóstica y terapéutica al médico y afines en ejercicio. Se han fundamentado, en lo posible, en la mejor evidencia clínica (“guías basadas en la evidencia”).
Sin embargo, esos loables y altruistas propósitos se han visto en buena parte frustrados por la extensión, profundidad y complejidad de las guías originales, que terminan siendo un elemento de consulta más adecuado para los académicos, investigadores u otros científicos y no una herramienta rápida, asequible y expedita, literalmente al alcance de la “mano” (pensamos en los dispositivos móviles de uso intensivo en la actualidad) para los profesionales en ejercicio.

De acuerdo con los planteamientos anteriores se hace necesario, diríamos más, urgente e imprescindible, que las guías sean sometidas a un proceso de modernización, acorde con las tecnologías y métodos de aprendizaje y uso en el Siglo XXI.

Un artículo publicado en el American Journal of Cardiology alude al tema en relación a las guías de cardiología. Sin embargo, los planteamientos allí registrados son aplicables a las guías en general y concuerdan con nuestro pensamiento al respecto, que viene de años atrás, como lo hemos registrado en nuestras páginas.

Solamente en 2014 aparecieron 8 guías de cardiología de dos sociedades de la especialidad de Estados Unidos, con un total de 439 páginas y 2127 referencias.

Es obvio, que es exagerado el número de guías y que son muy largas, preñadas de detalles y de tendencia absolutista. Por ende, el uso o consulta es mínimo.

Por la misma proliferación de guías es frecuente que entren en conflicto y que por ende causen confusión entre los usuarios, supuestos beneficiarios.

Por razones económicas y de tiempo, es conveniente que las guías para países como el nuestro, excepto aquellas relacionadas con problemas de salud muy propios, como las enfermedades transmitidas por ciertos vectores o derivadas de factores locales como las víctimas del conflicto o las inherentes a desnutrición, se basen en una selección de las mejores guías publicadas en otros países.

Con base en esa compilación, debe prepararse un documento de referencia, del cual parta una versión concisa, amigable, ilustrada, interactiva, con algoritmos y flujogramas, de fácil y rápida consulta. Esa versión, fundamentada en principios de psicopedagogía de educación virtual del paciente, debe estar disponible en todo tipo de equipos, dispositivos o aparatos electrónicos, incluyendo sobre todo los de tipo móvil, usados para consulta por 70% o más de los usuarios, de acuerdo con estadísticas publicadas.

Es factible y de enorme potencial, desarrollar “mini-guías” para uso en celulares, a la manera de una modalidad más simple y expedita.

En síntesis, hay que desarrollar o adaptar guías cortas y modificar el formato y las plataformas.

En relación con la “evidencia” científica, se deben diferenciar las recomendaciones sólidas clase I o basadas en estudios aleatorios y clase III o basadas en estudios de calidad que no demuestran beneficio o alertan sobre posible riesgo de procedimientos diagnósticos o terapéuticos, de la “opinión de los expertos” que no son “evidencia” y que tienen marcada proclividad al sesgo.

Llegó la hora de modernizar las guías de manejo clínico y ello incluye, además de lo expuesto, hacer versiones escalonadas de acuerdo con los perfiles de los diferentes profesionales, auxiliares y gestores comunitarios participantes en la atención integral del paciente.

Jorge E. Maldonado MD, PhD, FACP
Editor Jefe Publicaciones ILADIBA
Vicepresidente de Educación de la Federación Médica Colombiana
Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina

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